Reynaldo Muñoz

El caso de las islas del Archipiélago de Nuestra Señora del Rosario resume y ejemplifica la problemática que aqueja en general al medio marino, insular y costero colombiano.

sábado, junio 26, 2010

VERTIDO EN EL GOLFO DE MEXICO: UN CAMPANAZO DE ALERTA

En el libro “La protección del medio ambiente marino, insular y costero y el caso de las islas del archipiélago de Nuestra Señora del Rosario”, publicado por la Universidad Externado de Colombia en mayo de 2009, señalo como objetivo de dicho estudio contribuir al profundo y amplio conocimiento que sobre el tema de la protección, conservación y uso sostenible de los espacios marinos, insulares y costeros debe adelantarse en los ámbitos político, académico y científico del país, en coordinación con el propósito que en el mismo sentido se adelanta en el mundo.

Hoy este propósito se presenta ineludible e impostergable frente a la catástrofe de dimensiones desconocidas ocurrida en el Golfo de México a raíz de la explosión y posterior hundimiento de la plataforma de perforación petrolífera Deepwater Horizon el 20 de abril de 2010, cuando se realizaba la perforación de un pozo a 75 kms de la costa de Luisiana y a 1.500 metros de profundidad adentrándose a más de 5.000 metros en el subsuelo marino.

Esta catástrofe ocasionó la muerte de once operarios de la plataforma y un derrame incontenible de petróleo en el medio marino, inicialmente estimado por la British Petroleum (BP) en 1.000 barriles diarios y que hoy, más de 2 meses después de la explosión de la plataforma, sigue vertiendo según algunos científicos cerca de 100.000 barriles diarios del hidrocarburo, causando enormes daños al ecosistema del Golfo de México y seguramente de otras regiones del mundo pues por el impulso de la corriente del Golfo sus efectos alcanzarán las costas atlánticas norteamericanas y europeas, llegando incluso al Ártico.

Son múltiples los errores cometidos por los distintos actores en este caso, pero cabe resaltar:

1. La inoperancia o incapacidad reconocida por el propio gobierno de los Estados Unidos respecto a las regulaciones que debieron existir para controlar actividades de perforación del lecho y del subsuelo marino en aguas cada vez más profundas y alejadas de la tierra emergida.

2. La prepotencia y ambición de las grandes empresas petroleras que con sus avances tecnológicos perforan el suelo marino para extraer enormes cantidades de petróleo, a sabiendas del riesgo de provocar inmensos daños como el que se amplía a otras zonas, incluso fuera del Golfo de México.

El daño causado a la diversidad biológica y ecosistémica es enorme y seguramente irreparable en muchos aspectos. Ocurre en el año de la biodiversidad, en un momento en que se conoce la Tercera Perspectiva Mundial sobre la Diversidad Biológica, en la que se reconoce que la meta que en 2002 los líderes del mundo acordaron lograr para el año 2010, consistente en una reducción significativa del ritmo de pérdida de la diversidad biológica, no se ha alcanzado. Es más, según previene la Perspectiva, las principales presiones causantes de la pérdida de diversidad biológica no sólo son constantes sino que además en algunos casos, se están intensificando. Entre ellas, principalmente, el calentamiento global.

Es innegable que se plantea un antes y un después o un punto de inflexión a propósito de la catástrofe en el Golfo de México, por su magnitud y por el aviso contundente que da sobre nuevas calamidades que se producen y se producirán en el mundo cuando quiera que esta se originó en una de las más de 6.627 concesiones de exploración y explotación petrolífera que Estados Unidos ha otorgado en el golfo de México, perforaciones localizadas cada vez a mayor distancia mar adentro y a profundidades inimaginables hasta hace pocos años.

La BP en marzo de 2010 anunciaba el descubrimiento de un yacimiento con unas reservas de 3.000 millones de barriles en esa zona. De uno de los pozos más ricos de esa área se extraen 250.000 barriles de petróleo diarios, cantidad que equivale a cerca de una tercera parte de la producción diaria de petróleo de un país exportador como es Colombia (780.000 barriles diarios en mayo de 2010 según informes del gobierno).

Entretanto en Colombia, la Agencia Nacional de Hidrocarburos, entidad que administra las áreas hidrocarburíferas de la Nación y las asigna para su exploración y explotación, se dispone a otorgar concesiones en distintas regiones del país incluidas zonas marinas y costeras.

El pasado 22 de junio, en una ceremonia que tuvo lugar en Cartagena, se llevó a cabo la entrega y apertura de los sobres que contienen las propuestas de los interesados en adelantar actividades de exploración y explotación en lo que se llama la Ronda Colombia 2010 para la contratación de actividades de evaluación técnica y de exploración y explotación de hidrocarburos en diversos lugares del país, entre ellos áreas determinadas en espacios marinos y costeros como Guajira Offshore, Urabá, Sinú Offshore, cayos localizados en el mar Caribe, Tumaco Offshore y Chocó Offshore.

Esta operación compromete amplias áreas marinas y submarinas de Colombia, en el Caribe y en el Pacífico, en el momento marcado por la mayor catástrofe petrolera ocurrida en el mar, en un pozo gestionado por la BP, una de las mayores empresas de explotación petrolífera del mundo, dueña de la última tecnología en este campo, razón por la cual el propio gobierno norteamericano no ha podido atender directamente la emergencia y ha tenido que dejar en manos de dicha compañía su manejo y esperar impotente hasta tanto ella pueda encontrar la solución definitiva.

Si esta es la situación a la que se ha visto abocado los Estados Unidos que tiene el mayor poder económico, político y tecnológico, qué podría pasarle a Colombia y a sus valiosos recursos naturales ante una situación similar?

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